miércoles, 16 de diciembre de 2009

Cortázar, Salinas y el box

Vamos a ver violencia pactada, dice mi cuate Láctica antes de ponernos frente a la tele para ver el box. Acto seguido, podemos encapsularnos por horas en esas imágenes que incluyen a menudo sangre o situaciones límite.

Me gusta el box desde siempre. La culpa pudo haberla tenido mi abuelo que me regaló un par de guantes antes de cumplir los 4 años. Mi padre también contribuyó al asunto con una afición, si no disciplinada, sí certera para saber dónde estaba sucediendo, o por suceder, una buena madriza pactada (y mejor aún, televisada).

Supongo que me parecía atractiva la posibilidad de ver, lo antes posible, a un fulano azotar en la lona producto de un puñetazo certero. Ahora, me gusta el box por su capacidad estratégica, por lo que sucede y se dice en las esquinas entre round y round, por la preparación, los meses previos a una pelea. Los buenos púgiles son inteligentes arriba del cuadrilátero; minan de a poco a sus oponentes.

Si Cortázar utilizaba la analogía del box para explicar el cuento y la novela, podríamos hacer lo mismo en sentido inverso. Los boxeadores grandes, son aquellos que, como los buenos relatos, te envuelven en su estilo, te cogen de la mano a lo largo de varios minutos y en una espiral de sorpresas; para acabar rematando con el único final posible.

La primera vez que me subí al ring de un gimnasio fue hace unos 11 años. Llevaba entrenando 3 meses y me dejaron "ponerme los guantes". Peleé, o más bien me pelearon, un round completo, es decir, tres minutos de dar y recibir golpes. Quedé molido. Ahora que me dio la crisis de los 30, corrí a un gimnasio y soy muy feliz sacando el estrés. Hace una semana me trepé al ring. Aguanté sólo un minuto. Un madrazo casi, casi me saca el cerebro por los ojos: decidí que más de sesenta segundos eran un riesgo para mi hígado y una amenaza seria a mis pulmones.

Hace tiempo que veo en el box una posibilidad de éxito editorial. Hacer una novela que revele ciertas respuestas a las preguntas del México contemporáneo: ¿quiénes somos, de onde venimos y a ónde vamos? ¿hubo fraude en el 88? ¿por qué el catarrito se convirtió en catarrote? Un título tentativo: Salinas y el Púas Olivares: conversaciones predecembrinas.

Así de barbas.

3 comentarios:

Alonso dijo...

Cuánto le ha dado y cuánto le dará a la literatura la figura-personaje del Púas.

dèbora hadaza dijo...

me gustó, como hace rato no lo hacían tus post.

disancor dijo...

Que la salud, la suerte, la alegría, la familia y los amigos te acompañen estos días.
¡FELIZ NAVIDAD!